De la IA a la ‘superinteligencia’
Esta semana, la capital estadounidense fue testigo de una cumbre tecnológica que dejó a más de uno con la boca abierta. La Casa Blanca logró sentar en una misma mesa a los peces gordos de la industria —incluyendo a Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Elon Musk y Dario Amodei de Anthropic— para firmar una promesa de seguridad en inteligencia artificial que el presidente Donald Trump calificó como ‘moralmente vinculante’.
Pero lo que parecía una reunión típica sobre regulación dio un giro inesperado cuando el mandatario firmó una orden ejecutiva para rebautizar oficialmente a la tecnología. Ya no le llaman IA; ahora el término oficial es ‘superinteligencia’. Este cambio de nomenclatura no es solo un capricho semántico, sino una clara señal de que el gobierno busca elevar la apuesta discursiva frente al desarrollo acelerado de los sistemas actuales.
El impacto colateral en dominios y regulaciones
La ocurrencia gubernamental no tardó en tener efectos secundarios en el mundo digital. Curiosamente, el dominio nacional de Eslovenia, el famoso .si, experimentó un crecimiento inusitado en sus registros debido a la confusión y al juego de palabras generado por la orden de la ‘superinteligencia’. Las empresas y entusiastas corrieron a asegurar direcciones web relacionadas con el nuevo término acuñado en Washington.
Mientras tanto, los gigantes tecnológicos asumen compromisos que muchos analistas ven con escepticismo. Catalogar un acuerdo como ‘moralmente vinculante’ deja abierta la puerta a la opacidad y a la falta de consecuencias reales si las grandes corporaciones deciden priorizar sus ganancias sobre la seguridad pública. Al final del día, los titanes de Silicon Valley firmaron el papel, pero queda por ver si este cambio de nombre a ‘superinteligencia’ servirá para controlar a las máquinas o simplemente para inflar aún más el bombo publicitario de una industria que no deja de presionar los límites.
Imagen: Foto de Igor Omilaev en Unsplash





